Carlos tiene 32 años, vive con su padre y sus hermanos en Barrio Argüello y toda su vida fue ciego. Se quedó sin trabajo y encontró en el canto una forma de vida que, además de un ingreso económico, le brinda la posibilidad de expresarse: «A la gente le gusta lo que hago y se va con una energía positiva».

Durante la pandemia, las cosas se le complicaron cuando los negocios estuvieron cerrados. Pero al volver la actividad, regresó a la esquina que se reparten los distintos artistas callejeros. Allí, se lo puede escuchar haciendo temas de Ulises Bueno, Damián Córdoba y otros cuarteteros, todos los días entre las 9 y las 14hs. Sueña con grabar un disco y poder plasmar esa alegría que lleva dentro en los corazones de los cordobeses.

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